¡Afiliate!

Estas en la sección VOCES DE SANIDAD >

Historias de Sanidad

Voces de Resiliencia Vol. 2

Gabriela Saravia

Está pandemia me permitió estar más tiempo con mí familia al ser grupo de riesgo  estuve 24 hs con ellos durante un año y aunque el miedo vivía con nosotros también la oportunidad de despertarme y ver la carita de mis hijos me llenaba de felicidad, perdón nos llenaba de felicidad. Vivir con la incertidumbre  que el covid  no llegue a tu familia o seres queridos y  pedir por los conocidos y no conocidos. Sufrir por cada familia que perdía un ser querido, aunque no los conocia… aprendí cuánto valor tiene la vida y cuánto tiempo perdemos en cosas insignificante. De que sirve el celular último modelo si no puedo despedir al ser que amo en su lecho de muerte.. de que sirve una lujosa casa y una cuenta  en el banco si está pandemia nos puso de rodilla a los que no tenemos riquezas como a los que nadan en ella. Hoy solo espero y pido a dios que esto termine por el bien del mundo entero.

 

Martina Aurora Gonzalez

Los primeros días si tenía miedo pero después de tantos cuidados y aislamiento mi marido se contagió ya tenia problema de salud y falleció y bueno desde  trabajo en un geriátrico tods fueron contagiados yo acompañaba a las abuelas enfermas y no me contagié ya no tenia miedo para nada lo deje tods en la mano de Dios.

 

Marisa Godoy

Mi nombre es Marisa Godoy, fui sector camarera del 4to piso Sadofe, me toco atender pacientes con covid, y diversas patologias. Al principio de la pandemia por lógica era todo desconocido, por esa razón nos capacitaron para poder desempeñarnos en nuestras labores.

Cuando ingrese por primera vez a una habitación con paciente COVID, senti cierto temor al principio, incertidumbre, y tratar de no cometer errores para proteger al paciente a su vez al resto del personal y a mi, por que todo es un conjunto de cosas .Me encomendaba a Dios, le pedia que el fuese mi protección ademas de toda la que tenia, que el alimento y agua que llevaba fuese con su bendición para su pronta recuperacion. Ingresé y ese pequeño miedo que tenia se fue al instante en que vi a un ser humano que estaba vulnerablee, pude percibir su soledad, su miedo, su preocupación. Lógicamente deseaban salir de esa situacion e ir con su familia, me di cuenta que sentir miedo no me conducia a nada sino a cometer errores y a limitar mi trabajo. Entonces comencé mi labor, hacer sentir a esa persona (paciente), que todo iba a estar bien, que debia de alimentarse. Comprendi mi misión, era brindar tranquilidad, comodidad, compañia, amabilidad y dar mi granito de arena ayudando asi a todos los profecionales, médicos, enfermeras, personal de limpieza y demás, somos todos un equipo en ese momento. También pude ver como lloraban y me decian ¿Podre sanarme?, “claro que si”, les decia con una sonrisa aunque sea debajo de mi barbijo. Yo sabia que ellos se daban cuenta por mi expresión de voz, confie en dios y nosotros medicos y enfermeras que hacen lo imposible para su recuperacion. Por esa razon,  debe alimentarse y tratar en lo posible de estar tranquilo asi nos puede ayudar a vencer todo esto y pueda pronto volver con su familia.

Bueno, esa es una parte de mi experiencia, hay mucho mas pero trate de ser breve. A seguir y no bajar los brazos saludos a todos y todas que DIOS los bendiga

 

HHB, Lic. en Enfermería: Resiliencia, No tengo miedo empezar desde cero

Cuando vi por primera vez, en la página del Sindicato de Sanidad, la invitación a escribir, La experiencia de vida, sobre nosotros mismos, en ‘Voces de Resiliencia ‘, la primera sensación que tuve, fue.. Porque no? En verdad, nunca nadie antes me habían tentado tanto. Así que, acá vamos.. Me creo y me siento que soy un resiliente, y de alguna forma o manera, creo, que no fue la pandemia, sino la vida misma. Soy resiliente desde el mismo día que mi Madre me parió hace 60 años. Soy Enfermero hace más de 40 años, creo que es un plus..

Elegí ser Enfermero antes de terminar mi secundaria, ya sabía.. Y era lo único que sabía que quería ser. Tenía 17 años.. Cuando entré a la escuela de Enfermería, y a los 18 ya estaba trabajando en un prestigioso Sanatorio.. Como Auxiliar

Desde chico, sentía o me hicieron sentir, que algo no estaba bien conmigo.. Y obviamente, por aquella época, no sabía, a pesar de trabajar ya en salud, que era ser Gay.. Mucho menos si sos chico y lo de lo único que se encargaron fue de señalar que algo no estaba bien conmigo , familia, escuela, docentes etc.. A excepción de uno de mis 4 hermanos, que siempre estuvo y está, porque lo único que siempre le interesó fue y es que yo fuera feliz..

Algunas cosas que voy a dejar plasmado acá, no todas, me hicieron un resiliente. De chico, como mencione antes, no la pasaba bien, era distinto, diferente, y como me lo hacían notar!! Durante la adolescencia fue peor, la secundaria, ni hablar, solo recibía golpes y maltrato, y la palabra MARICON, todo el tiempo.. Yo no sabía.. Luego al entrar a estudiar Enfermería, todavía era un adolescente de 18 años, seguía sin entender que me sucedía, pero en mi primer experiencia laboral, en importante Sanatorio, sufro, sin buscarlo obviamente, un abuso, por el solo hecho de ser diferente.. Quede paralizado.. Sin dejar de lado, que por aquella época, en plena dictadura militar, había que cuidarse y mucho.. Sobre todo, porque todavía no tenía claro que pasaba con mi sexualidad.. Recuerdo, año 81 estar yendo a trabajar, al Hospital de clínicas, fui interceptado, por un patrullero.. Me hacen subir 4 policías de la federal, al móvil, empiezan a interrogarme dentro del auto, me decían.. Usted está buscando hombre!! Yo les decía nooo, solo quiero entrar a mi trabajo, al hospital, me rompieron la cara a golpes.. Me tiraron fuera de la patrulla, a 2 cuadras del hospital, yo no podía más de la vergüenza.. Fue tan traumatico el hecho, que había decidido mantener una especie de conducta celibe, no pensar, no decir, no sentir, no preguntarme.. Así durante muchos años, cuando empecé a aceptarme. En el camino, quedaron muchos buenos amigos que me habían ayudado.. Así, hasta el año 92 donde comienzo una especialización como Enfermero Generalista, así interactuando con equipos multidisciplinarios, empecé a darme cuenta que nada malo había en mi. Y así me tocó trabajar en Salta y Jujuy, cuando estalló la epidemia de cólera.. Trabajando en las comunidades indígenas, viviendo con ellas y aprendiendo. Así, seguía mi destino, y aunque ya consciente cual era mi elección, no dejaba de sufrir acoso, por parte de muchos profesionales de la salud, que no podían o no querían entender que recién estaba aceptandome y descubriendome.. Y seguía perdiendo amigos que me fueron arrebatados de mis afectos por diferentes motivos..

Año 98,..conozco a alguien.. Muy especial, que por primera vez, lo único que escuchaba decirme era.. Solo quiero estar con vos.. Te amo.. Y se fue construyendo quien sería y es mi compañero desde hace más de 20 años.. Y pasamos de todo, tres años más tarde le diagnostican VIH,.. Con todas las complicaciones habidas y por haber.. Y las superamos juntos.. Mientras tanto seguía y sufría la discriminación en el ámbito laboral.. Pero seguí adelante.. Me fui a trabajar a Europa, volví, pude terminar mi licenciatura, forme gente, etc.. Año 2010,me contagio la Gripe H1N1, pude zafar.. Me quedaría una secuela en el pulmón derecho,…

Año 2013..empiezo con sintomatologia, ya sabía de que se trataba.. Fiebre, decaimiento, perdida de peso, y síntomas de infección respiratoria.. En ese momento, pertenecía a una de las mejores, por decir algo, prepagas en salud.. Decidieron internarme , primero en un prestigioso sanatorio de la zona de parque Las Heras, muy contenido por el personal de Enfermería y Auxiliares, bastante destratado por algunos médicos.. Yo pedía a gritos que me hicieran el test de VIH, se demoraron en hacerlo bastante tiempo, porque un médico neumonologo, me diagnóstico un cáncer de pulmón, que nunca tuve.. Por la imagen que veía en la TAC, yo le decía que era una fibrosis como secuela de la gripe H1N1, a lo que con toda soberbia me respondía.. Usted no opine, acá es un paciente, el que sabe soy yo.. Le respondía que yo conocía mi cuerpo y mis antecedentes.. Me biopsia, y me trata con químico durante 15 días, sin tener el resultado de la biopsia,.. Que obviamente dio negativa.. Casi me mata.. Así después me realizaron el test y dio positivo.. Me Dan el alta, y comienzo con tratamiento ambulatorio, sufro algunas recaídas, y me vuelven a internar en otro Sanatorio, de la zona de Palermo, donde termino de recuperarme y semanas después me Dan el alta.. Quedando mi Historial Clínico.. Que luego sería mi espada de Damocles.. Durante ese tiempo en mi trabajo, algunas personas, curiosamente una médica, se ocupó de desparramar que Yo Estaba muriendo de Sida..

La pelee y gané.. En 2015,gano concurso para una Jefatura de Enfermería, en otro importante centro de Geriatría y rehabilitación,.. En 2019,abril,me despiden, nunca supe porqué, pero sospecho que fue por haber ido a las marchas de Enfermería reclamando el reconocimiento como profesionales, ya tenía 59 años.. Casi 6 meses  sin conseguir trabajo.. Ya estaba viejo.. Y mi pareja era otro hombre.. Logre un cargo de supervisor en la Institución donde había sido internado por mi afección y donde había quedado mi historia clínica.. Esa fue la espada que causó que trabajará solo por un contrato de tres meses.. Y resolvieron no renovarlo, pero yo sospechaba el motivo.. Ellos solo dijeron que que no lo renovaban por haber denuncias por maltrato al personal de mi parte (sic). Ofrecí pruebas que esto no era cierto, no las quisieron recibir.. Y nunca más me atendieron.. En el mientras tanto, al no poder pagar la cuota de mi prepaga, me dan de baja, suspendiendo el tratamiento con la medicación que tengo que recibir de por vida. Y todas las complicaciones que esto me causó..

2020,empiezo un trabajo interior y muy espiritual, para no volverme loco.. A mitad de enero del 2020,aparece otra oportunidad laboral, que es la actual, hace casi más de año y medio.. No es el mejor lugar, pero me permitió empezar a levantar cabeza. Y como broche.. Apareció la Pandemia Covid.. Y obviamente también me contagie.. Ya recuperado..

Ser resiliente, volver a empezar,  desde cero.. Ya no tengo miedo, aprendí a relativizar.. Aprendí a priorizarme, tratando de focalizar lo verdaderamente importante, a valorar los afectos, a estar donde me siento cómodo y no dar explicaciones…y que no me importe demasiado lo que digan o piensen de mi.

… perdoné y me perdoné.. A pesar de todo, estoy agradecido, Porque al final de la carrera… de la vida, simplemente estarán quienes quieran estar… como decía un tema Eladia Vázquez.. Honrar la Vida.. Y eso trate y trato de hacer.. Gracias

Pablo Carducci, Administrativo

5 AM
otra vez
me levanto
me baño, me visto
miro el pronóstico, les doy
un beso en la frente, siguen durmiendo
agarro el tupper, mis cosas, salgo del encierro


entro al encierro
del bondi, el barbijo
bien puesto, las miradas
inquisidoras, a ver quién estará
infectado, quién, cuánta gente hay
¿somos todos esenciales? cada cual sabe
hay que ganar el mango, hacemos la vista gorda


salgo del encierro
del bondi, alcohol en gel
en las manos, el frío, los guantes
caminar un rato, aflojar el barbijo, respirar
pensar, la ciudad vacía, acá un runner, ahí alguien
duerme sus pesadillas en un colchón o en un cartón


llego al encierro
saludo, ficho, me cambio,
me lavo las manos con jabón, la cara
ajustar el barbijo y arrancar la rutina, arrancar
otra vez, siempre pensando en este maldito padecimiento


que se mete
en la cabeza, en las angustias,
en la desconfianza, en el cansancio,
el malhumor, la desazón, el hastío, el tedio


y encima
encima
además de todo eso
está el Covid

Helenny Soler, Técnica en Anestesia 

Voy de regreso a casa y ya hago el recorrido por inercia. Camino mirando nada y pensando en todo. Siento que llevo a cuestas una jornada agotadora; de esfuerzos desmedidos, de alarmas y voces ensordecedoras, de órdenes al principio firmes, enérgicas, fieles al protocolo y después más bien cargadadas de esperanza, complicidad y fe. Llevo a cuestas mi jornada, mi cansancio, mi resignación… Miro al rededor, preguntándome cuánto tiempo más va a durar todo esto, y luego de golpe, me acuerdo de usted y de que hace unos minutos l@ dejé atrás; l@ dejé con ese nudo en la garganta, el mismo nudo con el que me fui yo, el que no me dejó decirle nada.

Pienso en la mirada que no me atreví a sostenerle y en la distancia que muy a propósito no rompí, porque preferí escudarme en la indiferencia al no saber cómo haría para lidiar con su respuesta si le preguntaba cómo se había sentido hoy. Así que simplemente le sonreí, debajo de una boca tapada y me fui, segura de que l@ vería mañana. No caí en cuenta de lo oportuno que habría sido decirle que: a pesar de los ojos fatigados con los que nos miramos a esta altura del partido, la fuerza para seguir transitando a diario éste bache incierto, la saco en gran medida de Dios y de ud. De ud al verl@ serle fiel al juramento y no espantarse (tanto) frente a la ruleta rusa a la que venimos “jugando” hace ya más de un año. De ud al verl@ tomar con esfuerzo bocanadas de aire, debajo de ese “bozal” que nos han puesto y acto seguido, con más resignación que oxígeno, buscar una pastilla que mitigue el dolor de cabeza fruto de la hipoxia y la fatiga, para poder seguir adelante con la jornada.

De ud al verl@ calzarse herméticamente el equipo de protección personal, Primero, para no pescar ninguna bala y segundo, para no escuchar la sarta de mentiras con las que nos hieren quienes egoísta e inútilmente deciden nuestros derechos, méritos, reconocimientos, recompensas, entradas y salarios; esas mentiras celebradas con aplausos y disfrazadas de buena intención…

Sí, es de ahí, de verl@ hacer todo eso, de donde saco la fuerza para creer en y con ud.; para sentirme segura en nuestra tropa y seguir luchando codo a codo la batalla.

Pateo una piedra que se me atraviesa en el camino y en ese puntapié descargo el arrepentimiento de no haberle dicho lo de la admiración que siento por ud.

Respiro tan hondo como me lo permite el barbijo y en ese minúsculo hilo de aire helado y fresco que se cuela por los costados, encuentro el coraje que me hacía falta para encarar con menos mutismo la tarea que me fue asignada desde Arriba; me propongo hacer a un lado la apatía y comenzar a sonreírle, al menos con los ojos, para dejar que sea por ese canal por el que se filtre la empatía.

Por fin llego a casa, descargo todo, me quito “mi collar” y le pongo al perro el suyo (esta noche será él quien me pasee), salimos a caminar, porque caminar a su lado me hace lavar los malos recuerdos y grabar los buenos y procuro en el recorrido desvanecer esa voz que me taladra todo día el cerebro y me cuestiona todo el tiempo si vale la pena o no, seguir haciendo esto. Y si no? Qué otro camino tengo?

Volvemos a casa, me doy una ducha y me acuesto. Cierro los ojos y mientras me esfuerzo (mucho) por conciliar el sueño, sonrío, pero es de la gracia que me produce la ironía de saber que la “salud mental” debería estar primero, sonrío por tener la certeza de que bajarme intacta de esta “samba mecánica” llamada “sector de la salud” es un vivo y ardiente deseo; es un deseo que tendría tanto tanto sabor a libertad, que ud y yo muy bien sabemos que la vocación no nos deja sentirnos dignos de ese mérito.

Por fin me duermo, como todas las veces, pensando en eso…

Y entonces suenan la alarma, el radio de la guardia, el teléfono, y abruptamente me traen de vuelta a la realidad; esos sonidos me obligan a abandonar esos anhelos y en cuestión de minutos, estamos otra vez ahí… volviendo al ruedo, mimetizados de nuevo con ese campo de batalla, en el que se es testigo e instrumento de luchas por la vida, contra la muerte, contra el cansancio, contra el dolor y contra el tiempo.

Ahí estamos de nuevo, sonriéndonos , ayudando, ayudándonos.

Ahí estamos, escondièndonos mutuamente nuestras propias tragedias, escondiendo ese anhelo.

Ahí estamos día, tarde, noche y madrugada, con la mirada fija en ese suero. Porque tal vez , si Dios quiere, por esa guía vayan corriendo varios años más de vida, de sonrisas, de amores, de sueños y deseos.

¡Muchas gracias por compartir sus testimonios, compañerxs!

Participá de nuestra revista digital.

Podés dejarnos un comentario o enviarnos tu relato. Completa el formulario, dejanos tu consulta y a la brevedad nos estaremos comunicando. Animate a formar parte de Voces de Sanidad.

Afiliate para seguir defendiendo nuestros derechos

Todas las conquistas son colectivas. Afiliate en pocos pasos para poder seguir mejorando nuestras condiciones de trabajo.

Somos ATSA Buenos Aires

Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina. Filial Bs As.

Saavedra 166 C1083ACD C.A.B.A

Asesoramiento gremial – Planta Baja

Para más información: 4959.7137

Mail: asesoramiento@atsa.org.ar

Atención de lunes a viernes de 9 a 18 hs.

¡Te esperamos, compañerx!

Seguínos en nuestras redes sociales

UNIDAD, SOLIDARIDAD Y ORGANIZACIÓN

Solverwp- WordPress Theme and Plugin